La caminata, algo larga, y con los ojos abatidos, me llevo, hasta el lugar que mas amo, el mar.
Y una vez ahi, de noche, nubes grises en el cielo, aunque albergando algunas estrellas, no pude llorar.
Recorde todos los motivos… las traiciones, la ira, el odio, el abandono, el frio, el vacio… si… el vacio…
No cayo una sola lagrima de mis ojos, y el viento, soplaba fuertemente alborotando mi cabello.
Hubiera hecho de una plegaria, o una blasfemia un motivo suficiente para que mi desahogo llegara, mas no llego.
“Largas horas de soledad… entre el mar y yo” decia la cancion…
Y una vez en el mar, refugiada por el aire, el agua, la arena y las memorias dulces de una niña que jamas lo fue.
Sonrei. Me quite los zapatos y subi mis pantalones… necesitaba sentir el agua fria, purificandome… Como aquel esplendoroso dia de febrero… el sol brillaba, el agua azul resplandecia. Sin llevar un traje de baño, no lo pense dos veces… me quite los zapatos y asi sin mas, me meti a nadar en aquellas aguas. Y me dije a mi misma, si alguna vez alguien me preguntara cual es el recuerdo mas hermoso que guardo de vivir, seria este. Y asi fue.
Una vez sintiendo, al contrario de esa ocasion, las aguas frias, como pequeñas agujas congelando mi piel llegando a mis entrañas, el viento soplo mas fuerte, pero no senti miedo. Si el mar queria que yo, su hija, retornara a el, abandonando la vida mortal que llevaba, lo aceptaba. Cerre los ojos y senti la marea en mis venas… una ola mojandome hasta la cintura, regresandome a la fuerza a la orilla. Mi madre aun no me necesitaba. Queria que volviese al lugar de donde vine, con los “mios”… El aire se calmo al igual que las aguas… la luna y las estrellas hicieron que el agua brillara de manera tenue… Y vi mi reflejo. La niña que jamas fue, metida en el agua, mecida por el ritmo de su majestuosa madre, Su cabello desordenado y esa mirada inocente que jamas, a pesar de todos los pecados sin arrepentir, habian logrado quitar. Me vi, y el vacio se apago. Las traiciones, el dolor, la rabia y todas las heridas de esos dias, fueron tocadas por la sal del agua… desinfectadas del mal, perdonando desde el alma a pesar del dolor.
“Deberia vestirme de blanco y buscar en el mar
lo que siempre desee ser
Una con las olas… Alma del oceano”
Las lagrimas pasaron a ser parte de la escencia de mi protectora… Y el dolor se calmo junto con el llanto. Debia decir adios.
Empapada, recoji mis zapatos, mi musica, y me fui. Mi alma renovada palpitaba fuerte, mientras veia las luces de la ciudad
contaminada de odio, traidores y mentirosos, pero tambien de amor y felicidad momentanea. Ese era, ahora mi hogar y debia retornar… Y simplemente vivir.