Caminando por un tenue camino de espinas, encontre un espejo rodeado de enredaderas.
Era un espejo extraño, su fondo tenia un tono azul muy especial, me detuve a mirarlo, a mirarme en el, Mis ropas negras, mis cicatrices, mis ojos, mi ausente sonrisa.
Que habia pasado en todo ese viaje? que habia hecho de mi misma todos esos años?; un angel oscuro carente de muchas cosas, entre ellas confianza en si misma, un angel que confiaba en todos, menos en ella… Y esas alas blancas, que dejaban plumas pequeñas y delicadas por donde iba… aveces, las amaba.
El espejo, brillo un momento cegandome. Habia mas de mi que yo no veia. Vi mis lagrimas, mis mueñcas sangrantes otra vez, mis ojos cerrados por beber lo que no debia, y el aura negra rodeando mi ser… esa aura negra, esas alas negras… cuya escencia era destructiva. Casi nunca las odie.
Desvie la mirada, era aquello de lo que huia, de mi debilidad, mis frustraciones, mis deseos sin cumplir. Sacrificandome siempre por que esa realidad no regresara.
Ya era tarde el espejo habia desaparecido… su ultimo reflejo, fue mi yo real… ese ser debil palido y enfermo, con alas negras que brillaban como su mirada. Un ser que cuya fe e inteligencia podian hacer casi cualquier cosa, pero de corazon debil, de confianza facil…
Retome mis pasos, aunque no sabia donde ir. No hay peor maldicion que ser un angel caido… Bueno en escencia, pero sin llegar a ser un ser benevolo. Malo con intensidad, pero sin llegar a la maldad absoluta.
He deseado un millon de veces ser un demonio completo… y no recuerdo una sola ocasion en la que deseara ser un angel completamente.
Hoy, nuevamente, el demonio se apodero de mi.
Sacando aquel frio instrumento de metal, logre que mi cuerpo sufriera tanto como mi alma. Una vez, dos veces, me sentia como la niña imbecil de 16 años (?) que un dia tomo algo que no debia, y cuando sintio el vertigo del sueño eterno, lloro agradeciendole al mundo su estadia. Para despertar 3 meses despues, maldiciendose por no tomar una tableta mas…
Oh, la sangre que corria por entre las lagrimas y el agua con sales de ese lugar placentero, mi refugio de petalos y aromas extaciantes. Esta vez no disfrutaba, lloraba. Esta vez el aroma a las rosas me abrazo no para deleitarme, sino suplicandome que parara. Y la senti a ella ahi, a mi lado, mirandome, acusandome, pero su amor era mas fuerte que su rabia. Y me detuve.
Que mas podia hacer?
Una toalla, una llave corriendo… ni rastros de que ahi hubiese ocurrido nada. Experta en aquellos accidentes, tenia siempre mi “botiquin del horror” con lo necesario para la ocasion. Unas vendas, desinfectante, y listo.
Presto! era la misma de siempre. Con cicatrices abiertas, y sangre en la memoria, pero del dolor ya no quedaba nada.
Un suspiro, el juego comenzaba nuevamente.